© Tamara De Lempicka | Palacio de Gaviria | Arthemisia | Arte a un Click

La controvertida y aristocrática Lempicka en el Palacio de Gaviria

Lempicka, la feme fatal que retrató
la imagen femenina del Art Decó

El próximo 5 de octubre Arthemisia abrirá al público la primera restrospectiva de la artista Tamara de Lempicka en Madrid, en el Palacio de Gaviria.

Incluyendo en torno a 200 piezas procedentes de más de 40 colecciones privadas, museos y prestatarios, podrá visitarse en Madrid hasta el 24 de febrero de 2019.

Tamara De Lempicka fue otra más de las muchas mujeres artistas ignoradas. Gran retratista de aquellos “felices años 20” y de la época de entreguerras, su arte  nos habla de un ambiente de lujos y voluptuosidad. Un arte que nos revela todo lo que es nuevo en la primera mitad del S XX, el teléfono, rascacielos, esquiadoras…opulencia de una élite retratada a través de sus protagonistas, mujeres de miradas incisivas reducidas a un valor puramente sexual.

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Pero nada de esto nos deja ajenos a la magia que  despliega en sus retratos, en los que supo captar con gran penetración su psicología, el hedonismo muchas veces perverso, de aquella élite que la rodeaba.  Como sentían, como pensaban, lo que temían. Esta capacidad para retratar la variedad psicológica de su mundo circundante le valió el título de la mejor retratista de la pintura “art decó”

Sin embargo, a pesar de su gran destreza pictórica, la contundencia del carácter de sus mujeres, el peso específico que da estos personajes, Lempicka  evoluciona ajena a las vanguardias,  feminismo y progresismo eran conceptos alejados a sus intereses.

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La diva Lempicka

No dudó en promocionar y vender sus cuadros, recurriendo a su “seductora feminidad”, cuidando y divulgando su atractivo de mujer bella, y de artista emancipada y moderna, que en ella no significaba conciencia de la necesidad de una lucha por su propia liberación y la de las mujeres en general.

Comentaba en una de las lujosas fiestas que daba en su casa: “Esta es una buena noche para hacer felices a los hombres, para verter en sus oídos una buena conversación, para complacer sus deseos en materia degustativa. Se cena a las ocho porque me gusta que los hombres tengan tiempo de reposar en casa antes de volver a tensarse cuando llega la noche”

Jean Cocteau había afirmado que «Tamara amaba tanto el arte como la buena sociedad, y pensaba que su acceso a esta última acabaría por destruir en ella el primero»

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Aunque Lempicka nunca dejó de trabajar, aún en los años en los que sufrió la indiferencia y olvido del público, cayó varias veces en el olvido.

En 1940, recién llegada a los Estados Unidos, se instaló en una  mansión que había pertenecido al director King Vidor, se vestía y maquillaba a su modo, estimulando el que se la comparara con Greta Garbo a quien decía parecerse. De la artista rusa se hablaba de sus vestidos, joyas y título nobiliario y finalmente bajo un titular más pequeño se añadía que, además, era pintora.

Fuera de las vanguardias tan ajenas a su sensibilidad artística, apartada por la nueva crítica feminista por su controvertido mensaje de mujer objeto y por  factores también de tipo ideológico, son motivos que dejan la obra de Lempicka detenida en el tiempo. Su interés en que se la viera como una sofisticada y aristocrática gran dama influyó negativamente a que se la tuviera en cuenta como artista.

Su lenguaje artístico, un arte fuera del dogmatismo de las vanguardias

Pero toda su obra revela un delicado equilibro en el que se armoniza su gusto por un cubismo renovado y corregido, aquella vuelta al orden clasicista, con el tubismo de Léger,  y un vocabulario geométrico de zigzag y círculos. Frío y perfecto glamour, teñidos de cierta reminiscencia del Cuatrocento Italiano. Colores vivos, trasparentes, la turgencia volumétrica de inmediata corporeidad, en figuras escultóricas en primerísimos primer planos, donde casi desaparece el fondo.

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Salvando todas las distancias, naturalmente, su retrato de “Blue woman with a guitar” podría ser la versión Déco de la Gioconda de da Vinci: la mujer en primer plano, el paisaje al fondo.

Despertó gran interés entre los coleccionistas de la costa oeste de EEUU, especialmente del área de Hollywood, entre otros, el actor Jack Nicholson y la cantante Madona.

Tamara de Lempicka, nació en Rusia el seno de una familia acaudalada, nunca le faltó el dinero. Su biografía, falseada por ella misma, está repleta de misterios. Su nombre era Maria Gorska.

Fue una mujer cuyo trabajo no podía separarse de su vida, una mujer cuya visión de sí misma fue inseparable de sus pinturas: “Cada uno de mis cuadros es un autorretrato”.

Tamara de Lempicka
Lugar: Palacio de Gaviria. Madrid
Fechas: Del 4 de octubre de 2018 al 24 de febrero de 2019
Organiza: Arthemisia

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