© Leila Amat | Flor de viento

Entrevista a Leila Amat, ganadora de “Por una Navidad llena de Arte”

Leila Amat, fotografía íntima y personal

La fotógrafa Leila Amat (Madrid, 1987) resultó la ganadora de nuestro concurso “Por una Navidad llena de Arte”. No es la primera vez que se asoma a estas páginas. La fotografía de Leila Amat  es una fotografía personal, intimista, a veces desgarradora, a veces reconfortante.

De eso vamos a charlar con ella, de su fotografía, sus experiencias personales, sus elecciones como artista y la perspectiva desde la que afronta su trabajo. Un acercamiento al punto de partida de ese universo privado lleno de pureza, belleza, intención, estética y trabajo que recoge en cada una de sus fotografías.

© Leila Amat | Blanco tierno

Autorretrato, experimentación y catarsis

Según he podido leer en la descripción de algunas de tus fotos recientes, relacionadas con tu embarazo, el autorretrato de tu cuerpo ha sido también una manera de aceptación, de combatir cambios. La experimentación con el autorretrato ha sido un campo muy cultivado por artistas mujeres, como una de las que señalas como tu punto de inspiración, Claude Cahun, aunque ella más en términos de género e identidad. ¿En qué otros ámbitos sitúas el uso del autorretrato?, ¿qué supone para ti?, ¿qué buscas con ello o por qué te decantas por este género?

Empecé con el autorretrato como una forma de catarsis, un diálogo conmigo misma. De hecho, no había visto casi nada de fotografía, no tenía ni idea de fotografía y en mi familia no había nadie que se autorretrara, cuando decidí que quería trabajar sola, conmigo misma. Es importante eso de estar sola.

Siempre he vivido la soledad como un arma de doble filo, como una aliada en la que refugiarme, pero también como el perfecto cubículo en el que incubar angustia, inseguridades, tabús, etc. Mis primeros autorretratos son muy atormentados. De esta manera, dos años después de que empezara a autorretratarme, caí en una depresión que me dejará herida de por vida. Supongo que empecé a autorretratarme por no quedarme encerrada en mí misma, por no explotar. Es el autorretrato como purga o una llamada de auxilio.

© Leila Amat | Línea del alba

Persona, mujer y artista

Has hablado en ocasiones de que tus fotografías son trabajadas y construidas, ligadas a experiencias personales, lo que conlleva de alguna manera el reivindicarte como sujeto individual, artista (independientemente del género) con sus propias inquietudes, sensaciones, campos de experimentación. Sin embargo, ¿crees que el simple hecho de ser mujer y enfocarlo desde esa perspectiva, conlleva implícito una reivindicación social?, como por ejemplo, ¿al adquirir el control de la propia imagen?  

Lo cierto es que me gustaría poder trabajar con mi propio cuerpo, con mis emociones y mi vida, sin que todo esto tenga que resultar algo reivindicativo. Es decir, añoro en todo esto algo de naturalidad. Pero la sociedad no nos deja que cualquier paso que demos hacia lo normal, hacia lo natural, sea común. Pero es lo que hay. Las mujeres somos un grupo social oprimido y trabajar dentro de este contexto es duro.

La fotografía construida tiene un lado emocional, muy íntimo, de ahí que sean las mujeres las que más la practican. Es una cuestión de educación, de qué es lo que se espera de nosotras y hacia qué nos han relegado. Lo íntimo, lo emocional, no sólo es exclusivo de mujeres, pero ahí nos han forjado a nosotras… y ese es el terreno que se les ha “prohibido”, de cierta manera, a los hombres. Todo lo que huela a personal, a íntimo, a sentimientos, será incomprendido y rechazado por una industria liderada por hombres. Persistir en esta categoría fotográfica, sacarla adelante, involucrarte en ella, es rebelión, es reivindicación.

© Leila Amat | La gente bella

© Leila Amat | Pinchar

¿Consideras que hay que seguir enfocando el arte realizado por mujeres desde una perspectiva de género? ¿Sigue siendo, no inevitable, que de momento parece serlo, sino necesaria esa lectura?

A mí es algo que siempre me ha molestado mucho, porque no hago las fotos con el coño. Puedo realizar alguna fotografía que verse sobre la filosofía que encarna el género, sobre el sexo, sobre qué puede ser esto de sentirse mujer, pero no es la temática general de mis fotos. Ni siquiera es la temática general de gran parte de la producción del arte realizado por mujeres. Es decir, que antes de ser/sentirnos mujeres, somos personas. O directamente, si hacemos arte, somos artistas.

Desde el primer momento en el que no se enfoca el arte realizado por cualquier hombre desde una perspectiva de género, encasillar nuestro trabajo dentro de una perspectiva de género suena, cuanto menos, raro ¿Hablamos de política desde una perspectiva de género? ¿Hablamos del mundo de la construcción desde una perspectiva de género? ¿Hablamos de la agricultura desde una perspectiva de género? ¿Hablamos de la enseñanza desde una perspectiva de género? ¿Por qué hacerlo con el arte? Eso no quita que, por educación o factores culturales, las mujeres y hombres trabajen más o menos diferentes categorías artísticas. Y aún así siempre hay alguien que destruye los patrones que nos encasillan aquí o allá. Sueño con un análisis del arte horizontal, inclusivo.

© Leila Amat | La mitad que respira

Hablando de destruir patrones, ¿buscas a menudo romper estereotipos, no sólo femeninos, sino también masculinos, a través de tu fotografía?

Creo que he hecho grandes avances a la hora de leer el cuerpo y el universo masculino. Empezar a fotografiar a Guille conllevó grandísimas transformaciones a la hora de concebir la fotografía, pero sobre todo, me ayudó a construir una nueva masculinidad dentro de los estereotipos que siempre se han trabajado con modelos masculinos.

Necesitaba ver reflejado ese lado sensible, frágil y emocional de mi pareja. Su bondad, su ingenuidad, sus inseguridades. No quería cuerpos musculados, rostros serios, responsables, fotografías que destilasen virilidad tras cada uno de sus píxeles. Ahora queda realizar el trabajo conmigo misma: acabo de parir, mi cuerpo ya no es el de antes. Y tengo que afrontarlo con poesía, porque así es la vida: escribe sobre nuestro cuerpo sus canciones y batallas. Y sí, quisiera fotografiar todas esas etapas, todos esos cambios: que el autorretrato vuelva a salvarme.

© Leila Amat | Habitación en París

Como hemos comentado, tu trabajo es un trabajo tremendamente personal, muy vinculado a tus propias sensaciones y experiencias, especialmente en esta última etapa relacionada con tu embarazo y maternidad. Sin embargo, al ver algunas de tus fotografías se me ha venido a la cabeza la obra de Ana Mendieta, esa fusión con la naturaleza, la representación de la muerte. ¿Buscas también ahondar en temas más amplios, trascendentales, al situarte y, a veces, fundirte con la naturaleza, los ciclos de la vida, identidad, presencia, ausencia?

La maternidad es el acto más trascendental por el que he pasado en mi vida. He trabajado la muerte, he trabajado la ausencia, el desgarro, la soledad, el desnudo, la fusión con la naturaleza, el amor. Y creo que no he sabido lo que es el sufrimiento, ni he tenido constancia de lo que es el amor, la naturaleza, el tiempo y la vitalidad, hasta que no he parido.

Con esto no quiero decir que haya que parir para sentir todos estos parámetros en su más plena plenitud. Pero a mí es lo que ha pasado. Es que además, ha sido una transformación de mí misma. Todavía me queda un largo camino para reconocerme en esta nueva etapa de mi vida. Pero ya no soy la misma de antes: he trascendido.

Por cierto, me fascina la obra de Mendieta.

© Leila Amat | Insomnio

© Leila Amat | Cuerpo alquilado a la muerte

Para terminar, ¿confías en el poder del arte como arma de cambio?

Sí. Y más ahora en la era de internet, donde todo el mundo, independientemente de tu status social o su género, tiene acceso a lo que desee. El arte siempre ha estado dividido en dos. Por un lado está el arte generado por el pueblo y por otro, el arte enfocado a las élites. El arte enfocado a las élites está, por ejemplo, en ARCO. Y me interesa. Pero lo que más me interesa es el arte dirigido al pueblo. Un arte totalmente accesible al pueblo. Se puede hacer crítica social a través de la música, la palabra y, por supuesto, las imágenes. Una película puede cambiar muchas cosas, un texto literario en un periódico o un libro puede transformar muchas mentalidades, una fotografía puede dar la vuelta al mundo, una canción puede marcar un antes y un después o convertirse en emblema de una lucha. No: jamás subestimaré la capacidad del arte para transformarnos. No, jamás subestimaré la capacidad de algunas personas para hacer poesía y rebelión, después y durante Auschwitz.

© Leila Amat | Web

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