Ha vivido en Hong Kong, donde estudió caligrafía china, en Bali e Indonesia, donde colaboró con artesanos que combinan los
métodos tradicionales de textil con la pintura contemporánea, ha sido profesora de Harvard y en Fulbright en la India, etc, una vida muy movidita.
Sus esculturas nacen de la inspiración que tuvo al ver las redes de los pescadores de una aldea agrupadas, esperando a ser
utilizadas. Al verlas, Echelman comenzó a preguntarse si las redes podrían dar un nuevo enfoque a la escultura: una manera de crear la forma volumétrica, sin materiales pesados, ni sólidos.
Crea esculturas urbanas monumentales, que ocupan parte del espacio aéreo interactuando con las fuerzas ambientales como el viento, el agua y la luz del sol, muestra así la existencia simultanea de la luz y la arquitectura; es durante la noche cuando la luz artificial golpeada contra cada cuerda, salta a la vista con colores brillantes produciendo una experiencia totalmente sensorial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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